domingo, 1 de diciembre de 2013

Sueño: Mundos.

Domingo, 01 de Diciembre del 2013.
México. 

I

El viento azotaba las hojas con violencia, su hábito negro se ceñía al cuerpo, la tela golpeaba su rostro mientras se dirigía con esfuerzo por los escalones que llevaban a la gran mansión que se levantaba al frente. El clima estaba terriblemente mal ese día y el cielo advertía con su sobrio color gris una  gran tormenta, sin embargo al atravesar las pesadas puertas de la entrada principal se hizo una calma sepulcral, el silencio rompía sus oídos con un zumbido cruel.

Al centro de lo que era la recepción, coronado con dos escaleras de mármol que llevaban al piso superior rodeando la estancia, se encontraba lo que parecía un féretro, era el funeral más solitario al cual había asistido. Lentamente se acercó para ver el rostro del perecido, al levantar la pequeña tela de seda blanca que le cubría, soltó un suspiro, el semblante de la persona que ahí descansaba no parecía sereno, aun sin vida era cruel y vil.

Cerró los ojos y se alegró por no tener que darle una noticia tan aterradora a su mejor amiga, pues este no era el mundo al que pertenecía. Cerro los ojos y una luz de color verde abrazo sus parpados, ingreso al circulo que se dibujaba frente a su cuerpo y en un segundo pasó de la suntuosa y lúgubre mansión a la realidad donde pertenecía.

Era una pequeña habitación de piedra, como todas en el castillo, pero esta en especial nunca había sido restaurada, conservaba el  aspecto y las características de hace siglos atrás, las mismas que cuando fue construido. La estancia contaba con varias mesas de piedra, al centro una vasija de mármol en la cual había agua cristalina, en las paredes sin importar la hora del día o la noche se encontraban encendidas cuatro antorchas en cada uno de los puntos cardinales, el viento que atravesaba  por las aspilleras de la habitación corría libremente por el techo y el piso, acariciando los instrumentos esparcidos por las mesas sin inmutar los grandes libros viejos y maltratados, abiertos en cada rincón del recinto. Era conocida como la habitación de los cuatro elementos.

Mientras Erik se quitaba el hábito negro que llevaba, se abrió la puerta y Giovanna atravesó la distancia que los separaba tan rápido que casi lo tira.

-¿Lo encontraste? ¿Encontraste lo que tanto quieres? - Preguntó súbitamente.

Erik solo sonreía débilmente y negaba con la cabeza, en su mente estaba el rostro de la persona que hace unos instantes vio sin vida. Abrazó a Giovanna con ternura y una vez mas se alegró por no tener que decirle una mala noticia. Nunca le diría nada incensario que le haga sentir triste por ningún motivo.


II


Pasaron un par de días antes de sus próximos viajes a otros mundos. La madre de Giovanna, Luz María, una mujer alta y delgada con cabello corto pero desalineado tenía ya la experiencia de sobra para los viajes, pero no lo hacia más. Se cansó de buscar, pero Gio siempre decía que no es que se haya cansado de buscar, si no de no saber lo que buscaba, es por eso que los viajes le afectaron a tal grado que parecía siempre estar fuera de si misma.

Luz les mostró que cada mundo era un color y como hay infinidad de colores, hay infinidad de mundos, pero estos se podían dividir en los tres colores principales: verde, azul y rojo. Les decía siempre que si querían regresar a un mundo que ya habían visitado, aunque las probabilidades eran muy pocas de que sea el mismo, eligieran el mismo color principal, solo así tendrían una pequeña posibilidad.

Estos colores se encontraban en un libro, podías tomarlos de las hojas pasando tus dedos llenándose de polvo de color, el proceso para transformar ese polvo involucraba un ritual que solo se podía llevar en la habitación de los cuatro elementos, el polvo debía estar al centro en la vasija de mármol llena de agua purificada con el fuego de las cuatro antorchas y girando en su centro con la ayuda del viento, ningún elemento extraño debía utilizarse en esa alquimia. Al terminar el liquido espeso se concentraba al fondo del contenedor, independiente del agua, lo guardabas fácilmente sumergiendo un pequeño frasco de cristal.

No todos podían hacerlo, solo había dos tipos de personas que podían, las personas que heredaban el conocimiento al morir el portador anterior y las personas que su destino y su vida pertenecen en diferentes mundos, ese tipo de personas eran Giovanna y Erik.


III


El día que reanudaron su búsqueda, Giovanna eligió el color verde y Erik el color azul. Él la miraba tratando de encontrar el valor para decirle algo importante, algo sobre su último viaje de color verde, y aunque las posibilidades eran muy pocas y tal vez nunca regresarían a ese mundo, se armó de valor.

-Hermanita – le dijo en voz baja a su amiga que tanto quería – hay algo que quiero contarte antes de que viajes sola. En uno de esos mundos que has elegido, el último que yo visité, encontré algo que para ti podría ser una perdida, tienes que ser fuerte ante todo, si en lugar de ganar riqueza espiritual, mermas, recuerda que siempre tienes este mundo y me tienes a mí. 

-Erik- contesto ella con un semblante de complicidad y curiosidad- ¿Qué es lo que has visto?, sabes que no hay nada tan malo que me afecte ni tan bueno que me destruya, siempre seré  yo, para conmigo y para ti.

-Tu padre, que tanto quieres y tan poco vez, yacía muerto en un funeral solitario, no había nadie mas que él y su rostro cruel - En ese momento cruzó una imagen por la mente de Erik, Giovanna recostada en una habitación del mismo estilo y color donde se suscitó el funeral, vestida con un traje de encaje negro transparente, con la cabeza de su padre a un costado acercándola hacia ella para abrazarla con una sonrisa malévola, no, esa no era su Giovanna, era otra persona completamente distinta a ella con el mismo rostro.- No hagas caso de lo que digo, ni siquiera es tu padre el que vi, tu padre aún vive aquí.- Resolvió a decir. 

No hubo respuesta, pero tampoco ningún gesto de sorpresa o tristeza. Se abrazaron y partieron cada quien a su mundo diferente.


IV


Caía una lluvia ligera en las calles de una cuidad tan bonita como sencilla, en ese mundo se había encontrado de nuevo con la proyección de Giovanna y aunque apenas cruzaron palabra sentía una conexión especial con ella, como la que tiene con la amiga de su mundo. Estaban en la entrada de la casa de ella, en el interior por la ventana un niño y una niña pequeña pasaban corriendo mientras se despedían, fue un viaje corto pero no sintió la necesidad de quedarse.

El fuego de color azul abrazo su cuerpo y estaba de nuevo en la habitación de los cuatro elementos, allí estaba Giovanna, su amiga, su hermana del alma esperando. Se precipitó a él y le dijo: - Ya se lo que estoy buscando, ya se sus nombres y son hermosos, Yoel e Isabela, ya los había soñado pero me lo ha dicho mi yo del mundo verde, la que ha matado a su padre.

-Hermana, los he visto, en tu casa, en la casa de una de tus proyecciones, seguro es ahí donde esta tu destino.

-Hermanito- contesto ella emocionada- tienes que regresar, regresa por mi, hay mas posibilidades que llegues al mismo mundo una vez que regresaste de él que yo, que tal vez nunca he ido, regresa y cuando tenga mas polvos de color azul liquido, trataré de encontrarte, por que contigo estará lo que tanto quiero, mi destino dividido en dos niños pequeños, hazlo por mi, cuídalos hasta que llegue a ustedes.

Erik sabía que era un viaje de ida solamente, solo una oportunidad pues no le quedaba mas liquido azul, lo suficiente para un único intento y para esperar hasta que Giovanna lo encuentre, no lo dudó. Le beso cada mejilla, la frente y los labios, la abrazó con fuerza mientras nuevamente el fuego azul abrigaba su cuerpo.


V


Estaba ahí, en las orillas de la ciudad donde había estado justo en su viaje anterior, se sentía feliz de poder cumplir con su promesa. Toco el timbre y vio una vez mas de quien se había ya despedido dos veces esa misma noche, ella sorprendida lo hizo pasar, pensó que no lo vería jamás.

-Giovanna, ¿Cuanto tiempo tiene desde la ultima vez que me viste?- Pregunto con sincera curiosidad, nunca había regresado a un mundo tan rápido.

-Un par de meses. –Esto lo  tomo de sorpresa, él siempre pensó que todos los mundos se movían en una misma línea de tiempo, pensó que tal vez la espera por la Giovanna de su mundo sería demasiado larga. – Pasa, siéntate – dijo ella, sacándolo de sus pensamientos.

La casa tenía un calor de hogar impresionante, no era fría como el castillo donde él vivía, en la sala donde tomó asiento se encontraba una mujer muy bonita, las facciones eran completamente diferentes a las de Giovanna, el cabello largo y lacio, la tez ligeramente morena, unos ojos negros y una sonrisa con hoyuelos en las mejillas.

-Te presento a mi hermana, Roxana- Un rayo atravesó su pecho, unos recuerdos que no eran de él, no de la vida en su castillo le sorprendieron uno encima de otro, sonrisas, peleas, cariño, amor, tristeza, perdida, todo esta ahí, todo como si cada mundo concentrara este momento, este primer encuentro con su hermana de sangre, su hermana del corazón.

No tuvo palabras para decirlo, ahora lo sabía estaba mas cerca de su propia búsqueda, sonrió con Roxana, mientras ella levantaba la vista del libro que leía. Se sentó nervioso y recordó su promesa.

-Giovanna- por fin se decidió a preguntar – ¿Quiénes eran los niños pequeños que estaban en tu casa la última vez que nos vimos? ¿Son tus hijos?.

-Casi, así lo he sentido a veces, pienso que en otra vida ellos son mis propios hijos y no de mi hermana, pero los sigo amando igual, se llaman Yoel e Isabela la más pequeña.

Erik no podía contener la emoción ese era el mundo que tanto buscaba su hermana, allí estaba el cariño hacia la vida que sentía que ella tanto buscaba.

-¿Dónde están ahora? ¿Los puedo conocer?- pregunto él.

-Pero si ya los conoces y están contigo, no te cansas de cuidarlos. Ahora mismo están en tu empresa, no los sacas que ahí por nada, estos niños de ahora, le gusta tanto la tecnología.

Lo supo, como algo impactante, un éxtasis, la euforia invadió cada milímetro de su cuerpo hasta llegar a su médula espinal, lo encontró, encontró lo que tanto buscaba, su felicidad estaba en ese mundo y coincidía con sus dos hermanas, su hermana del alma, Giovanna y su hermana del corazón, Roxana. Allí, estaba él, nunca en ningún otro mundo que había estado, se había encontrado con el mismo, el mismo, el saberse vivo, un ser con sentimientos, con alegrías un ser completo, el mismo era la que tanto buscaba.


VI


Una sonrisa dibujo sus mejillas, mientras se dirigía en su búsqueda, caminando por la calles de esa pequeña cuidad, pensaba en Giovanna y su promesa, sabía que la cumpliría y además cumpliría su propia promesa al conocerse a si mismo. Esperaría por ella y cuidaría de los pequeños niños, tan sobrinos de él, como hijos de ella.


Erik Enciso.

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